Hasta ahora le has prestado dinero al banco (eso es, en el fondo, un depósito). Ahora damos un paso más: prestárselo directamente a un Estado o a una empresa. Eso es un bono, el primer escalón de la renta fija.
Un préstamo con condiciones pactadas
Un bono es un préstamo que tú haces a quien lo emite —un gobierno o una empresa— a cambio de que te devuelva el dinero en una fecha futura, pagándote unos intereses por el camino. Tú pones el capital; ellos se comprometen a devolverlo con un extra.
Concepto clave
Cuando compras un bono no eres dueño de nada: eres prestamista. Por eso se llama "renta fija": las condiciones (cuándo te devuelven y cuánto te pagan) están fijadas de antemano.
A diferencia de un depósito, un bono puede comprarse y venderse antes de su vencimiento, y su precio fluctúa por el camino. Si lo mantienes hasta el final, cobras lo pactado; si lo vendes antes, puedes ganar o perder según cómo se haya movido su precio.
Ejemplo real
Las Letras del Tesoro español son bonos del Estado a corto plazo. En 2023 llegaron a ofrecer en torno a un 3% anual, y mucha gente que nunca había invertido empezó por ahí: prestarle al Estado durante unos meses a cambio de un interés conocido.
Error común
Pensar que "renta fija" significa "sin ningún riesgo". Es más predecible que las acciones, pero no es inmune: si el emisor tiene problemas para pagar, o si vendes antes de tiempo a un precio peor, puedes perder. Lo veremos a fondo en el próximo módulo.
Cierre del módulo
Ya conoces dónde puede vivir tu dinero en su forma más accesible: cuentas, depósitos y los primeros bonos. En el siguiente módulo abrimos el mapa completo de la inversión: renta fija frente a renta variable.