Comprar acciones de muchas empresas, una a una, sería caro y un lío. Por suerte existe un invento que lo simplifica: el fondo de inversión.
Un cubo común de muchos inversores
Un fondo de inversión junta el dinero de muchas personas en un mismo "cubo" y lo invierte en un conjunto de activos (acciones, bonos, o ambos). Cada inversor posee una parte del cubo, llamada participación, proporcional a lo que ha puesto.
Concepto clave
Con una sola compra de un fondo, tu dinero queda repartido entre decenas o cientos de empresas. Consigues diversificación instantánea sin tener que comprar cada acción por separado.
Una gestora se encarga de administrar ese cubo. A cambio cobra una comisión anual: un porcentaje sobre tu dinero, lo haga bien o mal. Esa comisión, como veremos, importa muchísimo.
Ejemplo real
Inviertes 1.000 € en un fondo que reparte tu dinero entre 500 empresas. Si una de ellas quiebra, apenas lo notas: era una porción minúscula de tu inversión. Esa es la magia de no concentrar todo en una sola carta.
Error común
Fijarse solo en la rentabilidad pasada del fondo e ignorar la comisión. La rentabilidad pasada no garantiza la futura, pero la comisión la pagas seguro, año tras año. Es uno de los pocos datos que sí puedes controlar.
En la próxima lección veremos un tipo de fondo especialmente sencillo y barato que ha cambiado la forma de invertir: el fondo indexado.