Para gestionar el riesgo primero hay que poder medirlo. En inversión se usan dos medidas que oirás constantemente y que conviene no confundir: la volatilidad y el drawdown. Una mide el vaivén; la otra, el golpe.
Volatilidad: cuánto se mueve
La volatilidad mide cuánto oscila el precio de algo respecto a su media: cómo de movida es la línea. Un activo muy volátil sube y baja con fuerza; uno poco volátil se mueve despacio. No dice nada sobre la dirección (ni que vaya a subir ni que vaya a bajar): solo sobre la intensidad del vaivén.
Es útil como termómetro del nervio que vas a pasar. Una cartera de acciones tiene mucha más volatilidad que una de bonos a corto plazo, y eso significa, sencillamente, que verás números rojos y verdes más grandes en tu pantalla.
Concepto clave
La volatilidad mide la intensidad de las oscilaciones, no si vas a ganar o perder. Más volatilidad significa más sustos por el camino, no necesariamente peor resultado a largo plazo. De hecho, la volatilidad es, en parte, el "precio de la entrada" que se paga por la mayor rentabilidad esperada de los activos como las acciones.
Drawdown: el golpe desde el máximo
El drawdown (o caída máxima) mide algo más concreto y más visceral: cuánto has caído desde el punto más alto hasta el más bajo. Si tu inversión llegó a valer 10.000 € y bajó hasta 6.000 €, sufriste un drawdown del 40 %. Es la pregunta que de verdad te quita el sueño: "¿cuánto puedo llegar a verme abajo?".
El drawdown importa por dos razones. Primero, porque es lo que pone a prueba tu aguante emocional: mucha gente vende en el peor momento precisamente cuando el drawdown es máximo. Segundo, por una cuestión matemática implacable que veremos en el simulador: recuperarse de una caída exige una subida mayor que la caída.
Ejemplo real
Imagina que tu inversión cae un 50 %. Para volver al punto de partida no necesitas que suba un 50 %, sino un 100 %. Si tienes 100 € y pierdes la mitad, te quedan 50; para volver a 100 desde 50, tienes que duplicar. Por eso una caída del 20 % se recupera con relativa facilidad (hace falta un +25 %), pero una del 60 % exige un +150 %. Cuanto más hondo es el agujero, mucho más cuesta salir.
Error común
Pensar que para recuperar una caída basta con que suba ese mismo porcentaje. "Bajó un 40 %, pues que suba un 40 % y estamos." No: bajó un 40 % y necesita subir un 67 % para recuperarse. Ignorar esta asimetría hace que mucha gente subestime el daño de las grandes caídas y asuma más riesgo del que debería.
Ya sabes medir el vaivén (volatilidad) y el golpe (drawdown). En la próxima lección unimos esto con la otra cara de la moneda: la rentabilidad. Porque riesgo y rentabilidad no se entienden por separado.