No todo el mundo cobra una nómina. Si trabajas por tu cuenta —como autónomo— el mecanismo cambia: no hay empresa que te retenga ni que cotice por ti. Esa responsabilidad pasa a ser tuya.
Sin nómina, pero con las mismas piezas
Un autónomo no recibe nómina: emite facturas. Y, en lugar de que alguien le descuente IRPF y Seguridad Social, se encarga él mismo:
- Paga una cuota de autónomos mensual a la Seguridad Social (que da derecho a sanidad, baja y pensión, igual que cotizar).
- Adelanta su IRPF por trimestres, en vez de mes a mes.
- Puede deducir gastos ligados a su actividad, algo que un asalariado casi no puede hacer.
Concepto clave
Cambiar de asalariado a autónomo no elimina el IRPF ni la Seguridad Social: cambia quién los gestiona. Pasas de que te lo descuenten automáticamente a tener que calcularlo y pagarlo tú.
Ejemplo real
Para empezar, muchos autónomos se acogen a una cuota reducida durante los primeros meses (la llamada "tarifa plana"), pensada para que arrancar no sea tan caro. Después, la cuota pasa a depender de los ingresos reales que declaras.
Error común
Comparar un sueldo de asalariado con unos ingresos de autónomo "en bruto", sin restar la cuota, el IRPF y los gastos. 1.500 € facturados como autónomo no son 1.500 € en el bolsillo: hay que descontar todo eso primero.
Con esto cierras la formación: ya entiendes tu nómina de arriba abajo, qué pasa cuando cambian las cosas y cómo se ve el mundo laboral desde el otro lado. El objetivo no era memorizar leyes, sino que ninguna cifra de tu vida laboral vuelva a ser un misterio.