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Riesgo y rentabilidad: la relación que nunca cambia

Si tuvieras que quedarte con una sola idea de todo el mundo de la inversión, sería esta: la rentabilidad y el riesgo van siempre juntos. No es una opinión ni una moda: es la regla que nunca cambia.

No hay rentabilidad alta sin riesgo

Para que algo te ofrezca más rentabilidad esperada, tiene que compensarte por asumir más incertidumbre. La renta fija de calidad paga poco porque es muy previsible. La renta variable puede rendir mucho más a largo plazo precisamente porque, por el camino, da sustos.

Concepto clave

Riesgo y rentabilidad esperada son las dos caras de la misma moneda. Quien te ofrezca mucha rentabilidad sin ningún riesgo, o no sabe lo que dice o intenta engañarte.

Coloca los productos en una escalera mental: de menos a más riesgo (y, normalmente, de menos a más rentabilidad esperada): cuenta corriente, depósito, renta fija, renta variable.

Ejemplo real

Históricamente, la renta variable global ha rendido más que la renta fija a largo plazo. Pero ha tenido años de caer un 37% (como el S&P 500 en 2008) y años de subir más del 30%. Más rentabilidad, sí, pero a cambio de un camino lleno de baches.

Error común

Buscar la rentabilidad de la renta variable con la tranquilidad de la renta fija. No existe ese producto. Si alguien te lo vende, desconfía: probablemente esconde un riesgo que no te están contando.

La buena noticia es que tienes una herramienta poderosa para domar ese riesgo sin renunciar a la rentabilidad: el tiempo. Lo vemos en la última lección.