La mejor forma de aprender prompting es ver el antes y el después. Aquí tienes tres objetivos cotidianos: para cada uno, un prompt flojo y su versión mejorada. Fíjate en qué cambia.
Pedir ayuda con un email
Prompt flojo
“escribe un email para pedir más tiempo”
Estudiar algo que no entiendes
Prompt flojo
“explícame la inflación”
Planificar algo
Prompt flojo
“plan para un finde en Madrid”
El patrón que se repite
Si miras los tres ejemplos, el salto de "flojo" a "bueno" siempre añade lo mismo: contexto, concreción, tono y formato. No hace falta ser un experto ni escribir un párrafo enorme; basta con responder, dentro del prompt, a "¿para quién?, ¿qué exactamente?, ¿cómo lo quiero?".
Concepto clave
No tienes que acertar a la primera. Pide, mira el resultado y refina: "más corto", "con otro tono", "añade un ejemplo", "en forma de tabla". Tratar a la IA como una conversación que se ajusta sobre la marcha es lo que distingue a quien le saca partido.
Error común
Copiar "prompts mágicos" de internet sin entenderlos. Funcionan mejor los tuyos, adaptados a tu situación real, que una fórmula larga que no sabes por qué dice lo que dice. Entiende el patrón (contexto + instrucción + formato) y haz tus propios prompts.
Ya sabes pedirle bien. Para peticiones más serias o que repites a menudo, hay un truco de nivel pro: darle estructura con etiquetas. Es la última lección del módulo.