Más allá de inventarse cosas, la IA tiene dos riesgos que actúan en silencio y que conviene tener muy presentes: los sesgos que arrastra y lo que haces con tus datos al usarla.
Los sesgos: no es neutral
La IA aprende de textos escritos por personas, con todos sus prejuicios. Así que puede reproducir y hasta amplificar sesgos: de género, culturales, sociales. No porque "quiera", sino porque reflejan sus datos.
Concepto clave
Que lo diga una máquina no lo hace objetivo. La IA puede sonar imparcial y estar repitiendo un sesgo. Ante temas sensibles (personas, grupos, decisiones que afectan a otros), mantén el espíritu crítico.
Tu privacidad: cuidado con lo que pegas
Cuando escribes algo en una IA, ese texto puede salir de tu control. Como norma, no compartas información sensible: datos personales tuyos o de otros, contraseñas, números de cuenta, información confidencial del trabajo o documentos privados.
Ejemplo real
Le pides a la IA que te "mejore" un documento de trabajo y pegas datos de clientes reales. Esa información ha salido de tu organización. Mejor: quita o sustituye los datos sensibles antes de pegar, o usa ejemplos inventados.
Error común
Tratar el chat de la IA como un cuaderno privado. Pegar el DNI, datos médicos, contraseñas o información confidencial "para que me ayude". Si no lo escribirías en un sitio público, no lo pegues: anonimiza primero.
Fiabilidad, sesgos y privacidad. Queda el riesgo más sutil de todos, que tiene que ver contigo: la dependencia. Lo vemos para cerrar el módulo.