Ya sabes qué es la inflación y por qué el dinero parado pierde valor (si quieres repasarlo, está en el curso de base). Aquí damos un paso más: como inversor, la pregunta no es "¿cuánto suben los precios?", sino "¿qué activos consiguen ir por delante de la inflación y cuáles se quedan atrás?".
Lo que importa es la rentabilidad real
La rentabilidad nominal es la que ves en el extracto. La rentabilidad real es la que queda después de descontar la inflación, y es la única que mide si de verdad eres más rico. De forma aproximada:
rentabilidad real ≈ rentabilidad nominal − inflación
Un depósito al 3 % con una inflación del 1 % te hace ganar un 2 % real. El mismo depósito con una inflación del 6 % te hace perder un 3 % real, aunque el saldo no deje de subir. El número sube; tu poder de compra, no.
Concepto clave
Invertir no es buscar el número más grande en el extracto, sino proteger y hacer crecer tu poder adquisitivo. Toda rentabilidad hay que leerla en términos reales: una ganancia del 5 % en un año con un 8 % de inflación es, en la práctica, una pérdida.
Quién puede trasladar la inflación y quién no
Ante una subida generalizada de precios, cada activo reacciona según si puede repercutirla o no:
- Bonos a tipo fijo: son los más expuestos. El cupón está fijado de antemano; si los precios suben más de lo previsto, cobras euros que valen menos. Además, la inflación suele traer subidas de tipos, que hunden su precio.
- Liquidez y depósitos: no caen de precio, pero pierden valor real si lo que te pagan queda por debajo de la inflación. Suelen reajustarse, aunque con retraso.
- Acciones: depende de la empresa. Las que tienen poder de fijación de precios (una marca fuerte, un producto sin sustituto fácil: lo que vimos como ventaja competitiva) pueden subir sus precios sin perder clientes y proteger sus márgenes. Las que compiten solo en precio ven cómo los costes se comen su beneficio.
- Materias primas: sus precios son, en buena parte, la propia inflación (energía, alimentos, metales). Por eso tienden a subir cuando esta se dispara, aunque con muchísima volatilidad.
- Bonos ligados a la inflación: algunos Estados, entre ellos España, emiten bonos cuyo principal se actualiza con la inflación. Protegen frente a ella, aunque su precio sigue reaccionando a los tipos.
Ejemplo real
En julio de 2022, el IPC en España llegó al 10,8 % interanual, el mayor en casi cuatro décadas. Quien tenía sus ahorros en una cuenta al 0 % perdió en un solo año más de un 10 % de poder adquisitivo sin ver bajar su saldo ni un euro. Ese mismo año, las materias primas energéticas se dispararon, mientras los bonos a tipo fijo sufrían por partida doble: inflación y subidas de tipos.
Inflación esperada vs. inflación sorpresa
Un matiz clave: al mercado no le afecta tanto la inflación como la inflación que no esperaba. Si todo el mundo prevé un 3 % y llega un 3 %, ya estaba en los precios. Lo que mueve los mercados es la sorpresa: un dato del 5 % cuando se esperaba un 3 %. Por eso a veces ves a la bolsa subir con un IPC "alto": era menos alto de lo temido.
Error común
Correr a comprar "lo que protege de la inflación" justo después de que la inflación haya salido en todos los telediarios. Para entonces, el mercado ya ha ajustado los precios a esa realidad. Protegerse de la inflación se hace con una cartera pensada para distintos escenarios, no reaccionando al titular del mes.
Tipos e inflación no se mueven al azar: siguen el pulso de la economía, que se acelera y se frena por fases. En la próxima lección vemos esos ciclos y por qué la bolsa y la economía no siempre van al mismo paso.