La primera gran decisión al pedir una hipoteca es el tipo de interés: ¿fijo o variable? Empecemos por el más tranquilo de los dos: la hipoteca fija.
Qué es una hipoteca fija
En una hipoteca fija, el tipo de interés se acuerda al principio y no cambia nunca durante toda la vida del préstamo. Pase lo que pase con el Euríbor o con la economía, tu cuota será siempre la misma.
Concepto clave
La hipoteca fija te compra tranquilidad: sabes exactamente lo que pagarás cada mes durante 20 o 30 años. Esa previsibilidad es su gran ventaja, y por ella el banco suele pedir un tipo de partida algo más alto.
Lo que ganas y lo que pagas por ello
- Ganas: certeza total. Tu cuota no se moverá aunque el Euríbor se dispare.
- Pagas: normalmente un tipo inicial un poco mayor que el de una variable en el momento de firmar.
Ejemplo real
Firmas una fija al 3,2%. Tres años después, el Euríbor sube con fuerza y los vecinos con hipoteca variable ven subir su cuota 200 €. Tú sigues pagando exactamente lo mismo que el primer día. Dormiste tranquilo.
Error común
Descartar la fija solo porque "de salida es más cara". Esa diferencia inicial puede ser un precio razonable por no depender de los vaivenes del Euríbor durante décadas, sobre todo si tu presupuesto es justo.
En la próxima lección, su opuesta: la hipoteca variable, ligada al Euríbor.